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Diseño de portada: G. P. Guillot
El perseguidor es un cuento del escritor argentino Julio Cortázar. Fue publicado en 1959 formando parte de su tercer libro de relatos, Las armas secretas.
La historia describe los últimos días de Johnny Carter, un virtuoso saxofonista cuya vida discurre al filo de la lucidez y la autodestrucción. El cuento es un homenaje al músico Charlie Parker, considerado como uno de los mejores intérpretes de saxofón alto. Parker, junto a Dizzy Gillespie y Thelonious Monk, fue uno de los iniciadores del estilo bebop (1944-1945) que inaugura la etapa moderna del jazz. Este nuevo estilo se basa en la improvisación sobre una melodía modificando los acordes y creando variaciones sobre la estructura de los temas. «..lo único interesante es buscarse y a veces encontrarse en ese combate con la palabra que después dará el objeto llamado libro. Y cuando Johnny se pierde como esta noche en la creación continua de su música, sé muy bien que no está escapando de nada. Ir a un encuentro no puede ser nunca escapar…» (Conversación de Cortázar con Rita Guibert, Life, 1969)
«Hasta ese momento me sentía satisfecho con invenciones de tipo fantástico. En todos los cuentos de Bestiario y de Final del juego, el hecho de crear, de imaginar una situación fantástica que se resolviera estéticamente, que produjera un cuento satisfactorio para mí, que siempre he sido exigente en ese terreno, me bastaba. Bestiario es el libro de un hombre que no problematiza más allá de la literatura. Sus relatos son estructuras cerradas, y los cuentos de Final del juego pertenecen todavía al mismo ciclo. Pero cuando escribí El perseguidor había llegado un momento en que sentí que debía ocuparme de algo que estaba mucho más cerca de mi mismo. En ese cuento dejé de sentirme seguro. Abordé un problema de tipo existencial, de tipo humano, que luego se amplificó en Los premios y sobre todo en Rayuela. El tema fantástico, por lo fantástico mismo, dejó de interesarme en la medida en que antes me absorbía.
Por ese entonces había llegado a la plena conciencia de la peligrosa perfección del cuentista que, alcanzado cierto nivel de realización, sigue así invariablemente. En El perseguidor quise renunciar a toda invención y ponerme dentro de mi propio terreno personal, es decir, mirarme un poco a mí mismo. Y mirarme a mí mismo era mirar al hombre, mirar también a mi prójimo. Yo había mirado muy poco al género humano hasta que escribí El perseguidor.(Conversación de Julio Cortázar con Luis Harss; Los nuestros, Editorial Sudamericana, 1968.)
«Si yo no hubiera escrito El perseguidor, yo sé que no hubiera escrito Rayuela, porque finalmente el personaje de El perseguidor es ya la prefiguración de Oliveira» (Revista Ercilla 10-15 diciembre de 1970)
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El perseguidor es un cuento del escritor argentino Julio Cortázar. Fue publicado en 1959 formando parte de su tercer libro de relatos, Las armas secretas.
La historia describe los últimos días de Johnny Carter, un virtuoso saxofonista cuya vida discurre al filo de la lucidez y la autodestrucción. El cuento es un homenaje al músico Charlie Parker, considerado como uno de los mejores intérpretes de saxofón alto. Parker, junto a Dizzy Gillespie y Thelonious Monk, fue uno de los iniciadores del estilo bebop (1944-1945) que inaugura la etapa moderna del jazz. Este nuevo estilo se basa en la improvisación sobre una melodía modificando los acordes y creando variaciones sobre la estructura de los temas. «..lo único interesante es buscarse y a veces encontrarse en ese combate con la palabra que después dará el objeto llamado libro. Y cuando Johnny se pierde como esta noche en la creación continua de su música, sé muy bien que no está escapando de nada. Ir a un encuentro no puede ser nunca escapar…» (Conversación de Cortázar con Rita Guibert, Life, 1969)
«Hasta ese momento me sentía satisfecho con invenciones de tipo fantástico. En todos los cuentos de Bestiario y de Final del juego, el hecho de crear, de imaginar una situación fantástica que se resolviera estéticamente, que produjera un cuento satisfactorio para mí, que siempre he sido exigente en ese terreno, me bastaba. Bestiario es el libro de un hombre que no problematiza más allá de la literatura. Sus relatos son estructuras cerradas, y los cuentos de Final del juego pertenecen todavía al mismo ciclo. Pero cuando escribí El perseguidor había llegado un momento en que sentí que debía ocuparme de algo que estaba mucho más cerca de mi mismo. En ese cuento dejé de sentirme seguro. Abordé un problema de tipo existencial, de tipo humano, que luego se amplificó en Los premios y sobre todo en Rayuela. El tema fantástico, por lo fantástico mismo, dejó de interesarme en la medida en que antes me absorbía.
Por ese entonces había llegado a la plena conciencia de la peligrosa perfección del cuentista que, alcanzado cierto nivel de realización, sigue así invariablemente. En El perseguidor quise renunciar a toda invención y ponerme dentro de mi propio terreno personal, es decir, mirarme un poco a mí mismo. Y mirarme a mí mismo era mirar al hombre, mirar también a mi prójimo. Yo había mirado muy poco al género humano hasta que escribí El perseguidor.(Conversación de Julio Cortázar con Luis Harss; Los nuestros, Editorial Sudamericana, 1968.)
«Si yo no hubiera escrito El perseguidor, yo sé que no hubiera escrito Rayuela, porque finalmente el personaje de El perseguidor es ya la prefiguración de Oliveira» (Revista Ercilla 10-15 diciembre de 1970)